Este gato empezó a subirse a los muros y vallas que le separaban de sus sueños y le encerraban con sus dueños. Cada vez que estaba allí subido observando como los pájaros, libres, volaban y le dejaban atrás para emigrar a otro lugar, se oía un gran estruendo, un rugido horrible, que emitía la agria de su dueña y que sin saber muy bien porqué le obligaba a meterse dentro de la casa, muy dentro, en el último rincón debajo del último mueble que había en la última habitación de aquella casa del último número de la calle.
Un día le pidió al gato más anciano de la casa un enorme favor, que entretuviera a sus dueños con una enfermedad falsa mientras él conseguía saltar la valla, esto a aquel gato le pareció un tremendo error, le habló de las consecuencias
de marcharse, de la falta de agua, comida, cuidados y caricias que echaría en falta aunque él se creyera auto-suficiente cual pájaro volador. Él, no hizo caso y le dijo al gato anciano que lo haría con o sin su ayuda, pero el gato anciano no privó a este de su ayuda y en seguida empezó a maullar como nunca lo había hecho, atrayendo a sus dueños que temían por su vida que pronto.... se daría por acabada.
Mientras sus dueños examinaban y emitían ruidos al gato anciano creyendo quizá que podía entenderlos, el gato doméstico que quería conocer el mundo, saltó a la vaya y haciendo equilibrio desde arriba, miró por ultima vez su casa, pensó ¨soy libre ¨ y saltó. Cayó en la acera dura de la calle, que nunca antes había pisado, sintió el ca
lor del verano en sus almohadillas y empezó a andar sin rumbo, veía más y más casas iguales que la suya, le parecía estar paseando siempre por el mismo sitio, dando vueltas, de pronto al lado de la calle vio algo que le llamó la atención, era un terreno sin casa, vacío, con hierbas, cardos y restos de artilugios humanos. Decidió meterse allí a echar una siesta debajo de unos hierros. La tarde se pasaba mientras dormía, sin preocupaciones, feliz de haber cumplido su sueño. Caía la noche y seguía tirado durmiendo cuando de repente, algo que le sonaba familiar se oyó ¨Uai¡¨ oía ¨Uaiii¡¨ que era el sonido por el cual reconocía que le querían ver, que querían que fuese. Salió entonces de su escondite, ya sabiendo que su dueña le l
lamaba, pero no quería volver a casa, pensó entonces en despedirse de ella para siempre y se dejo ver. Cuando empezó a acercarse se dio cuenta de que no estaba sola, también estaba él, él que le hacia sufrir y vio que también decía ¨Uai¨ y empezó a echarse para atrás lentamente pero su dueño se dio cuenta de que se alejaba y se abalanzo sobre el. El gato veía que su dueño lo atrapaba y no puedo contener sus uñas y sus dientes que se hincaron en el brazo y espalda de su dueño y de un gran grito le soltó, salió corriendo y se desvaneció en la oscuridad de la noche, entre cardos, zarzas y hierba.
Aquella noche decidió pasarla escondido debajo d
e unas zarzas y cuando los primeros rayos de sol le dieron en el lomo empezó a tener sed...... salió de su escondite y busco, busco y busco un plato, algo, donde hubiera agua, y aún no había encontrado agua cuando empezó a sentir hambre, sus fuerzas se debilitaban se iba agotando poco a poco con el sol abrasador del verano, decidió entonces parar en una sombra y recordó lo que el anciano gato decía y también recordó que los echaba de menos. Pasó toda la mañana buscando y acabo en la basura, malcomiendo lo que a simple vista, olor y sabor, eran restos de la comida que comían sus dueños, restos de la comida de los humanos, pero de agua nada de nada, solo líquidos de botellas coloridas que sabían a rayos y que ni siquiera quitaban un poco la sed que sentía. Fue otra vez a su escondrijo en el terreno sin casa y allí volvió a dormir, intentando olvidar la sed y el hambre que aun sentía. Al rato le despertó unos ruiditos que sonaban en su escondrijo de amasijos de hierro ¨clon chof clon clon chof¨ se asomo y vio que estaba lloviendo y se alegro porque ya podia beber, pero su alegría se vio reducida cuando empezó a llover más y más, con más y más fuerza y su amasijo de hierros tenía grietas, y la lluvia
caía y no podía ir a ningún sitio porque no recordaba donde quedaba su casa, se mojaba y no podía hacer nada, mas que correr, correr y buscar un sitio sin grietas, un resguardo. Encontró las casas, todas las casas igual que la suya y empezó a meterse en los jardines de todas una por una para ver si alguna era su casa y cuando llevaba ya cuatro casas vio una que tenía un agujero en la tierra que quedaba debajo de la casa y el sabía que no era su casa pero ahí estaría a salvo de la lluvia, así que se metió y espero a que la lluvia cesara.
Tres días más tarde la lluvia cesó y el seguía debajo de aquella casa, sin ganas de salir fuera, entre la tierra húmeda tumbado, donde no sentía ya calor ni frío, ni hambre ni sed, ni amor ni miedo, ni ganas de vivir solo ganas de morir. Y así pasaban los días, metido en ese agujero donde de vez en cuando se comía alguna lombriz y asomaba la cabeza, espe
rando algún tipo de milagro. Se observaba a sí mismo, y veía lo mal que tenía el pelo, lo delgado que se había quedado y era consciente de que sus ojos azules habían perdido el brillo de la felicidad. Un día..... creía morirse, había perdido la cuenta de lo que llevaba allí, cuando en la boca del agujero vio dos cuencos, uno con leche y otro con chococrispies, asustado sin saber de quien era aquello y por que estaba allí puesto saco la cabeza y vio dos humanas una mas pequeña que otra, pero ninguna eran su dueña, de repente una se marcho corriendo y la mas pequeña le insistía en que comiese y bebiese. Mientras comía y bebía con la expectación de la humana pequeña llego la grande, con otra humana, era ¡su dueña¡ Aú
n con miedo se metió en el agujero, no podía creer que era su dueña, pero si lo era y lo estaba llamando, con una voz muy lastimera. El salió un poco y dejo que su dueña lo agarrara de la pata y lo sacara de aquel agujero en el que había estado tantos días, sintió como su dueña lo agarraba contra su pecho con todas sus fuerzas y se lo llevaba de aquella casa a otra casa, la suya. Cuando llego el gato anciano le recibió dándole cariños y le dijo que no debería de haber estado fuera tanto tiempo, que sus dueños lo habían pasado mal y que lo habían echado en falta. El gato anciano vio lo desmejorado que estaba y decidió no
hacer más comentarios. Sus dueños lloraban al verle con vida después de tanto tiempo. Le querían, le abrazaban, le besaban y lo curaron de su mala alimentación, hasta que se recuperó al verano siguiente.
Estaba el gato un día, mirando al ocaso en la valla p
or la que saltó un verano, cuando vio a un pájaro posarse a su lado y al instante salir volando, escapando de su mirada, sobrevolando los campos, siendo libre. Recordó entonces las advertencias de su amigo anciano que ya murió en aquel verano, el hambre, la sed, la soledad................ y entonces haciendo equilibrio sobre la valla, mirando su casa por ultima vez pensó ¨ esta vez sobreviviré ¨ y saltó. Cayo sobre el trigo de los campos de los cuales salieron multitud de pájaros, sintió la arena húmeda, el sol en sus ojos, la brisa fresca y... desapareció.